Tapa de cristal
Cajas donde tapa de cristal marca la diferencia, ordenadas por nuestra puntuación.
Diez cojines que admiten hasta 52 mm, tapa de cristal con cerradura y exterior de cuero vegano bien rematado: la puerta de entrada a WOLF.
Un solo rotor con programas patentados que cuentan las vueltas de verdad, a red o a pilas. Silencioso y simple; pagas la firma.
Veinte huecos en tres alturas con cajón inferior y cristal templado acreditado por el fabricante, cosa rara en su gama. Lo que no trae, y el título no aclara, es cerradura: cierra con pestaña.
Cuatro relojes girando y seis en vitrina tras un frente acristalado con cerradura, con batería recargable integrada: el híbrido que expone y da cuerda a la vez.
La versión en madera maciza de la doce de siempre: mismo formato expositor con un escalón más de presencia y de tacto.
Doce modos reales (cuatro TPD por tres sentidos), motor Mabuchi de 10 dB y pilas o red: mucha máquina por poco dinero. El pestillo de la tapa es su parte endeble.
Veinte huecos repartidos en dos bandejas (no veinte arriba, como traduce mal su ficha) con laca de piano y cerradura de verdad, de las pocas del nicho que la tiene.
Doce huecos con tapa de cristal, cajón y cerradura en el formato económico con el que media España estrena organizador. El pestillo flojo y la profundidad justa para esferas gruesas son el recorte visible.
Doce huecos con cojines extraíbles bajo tapa acristalada y herrajes de acero inoxidable, en el escalón más barato de la vitrina. El cierre metálico se abre con una mano y sin llave: comodidad, no seguridad.
Veinte ranuras bajo cristal con cerradura: el expositor de sobremesa económico para colecciones que ya no caben en una caja de doce.